Los pintxos en Vitoria-Gasteiz (y por extensión en todo el País Vasco), son auténticas obras culinarias en miniatura, pequeños bocados henchidos de sabores e innovación.No me atrevo a afirmar que en Vitoria-Gasteiz están los mejores pintxos de España, por que quizá la gente de Donosti o Bilbao se podrían molestar.
Pero si que puedo asegurar, con toda rotundidad, que en Vitoria-Gasteiz, entres donde entres, pruebes lo que pruebes, ningún pintxo, esa alta cocina en miniatura, te va a dejar indiferente.
Desde los pintxos de corte tradicional hasta las creaciones más innovadoras e imaginativas, toda una gran variedad de estos exquisitos bocados en miniatura decoran las barras de esta ciudad.
Imposible hablar de todos los lugares de pintxos de Vitoria-Gasteiz (los hay a cientos), ni hacer recomendaciones que podrían quedarse cortas.
Tan sólo hablar de unos pocos. De aquellos que tuve la suerte de poder ir y disfrutar de sus tentadores bocados.
SAGARTOKI (Calle Prado, 18) tiene una barra que ya te engancha sólo atravesar la puerta.
Hay algunos pintxos tradicionales, aunque abundan los bocados innovadores como ese bacalao en tempura (junto a hueva de salmón, brotes de germen de cebolla, entre otras cosas) al que es difícil oponer resistencia. El bombón de foie gras (galleta de comino con lámina de manzana y mousse de foie gras) o el huevo frito de toda la vida, pero con un puré de patatas en molde como una patata chip con una yema envuelta en bacón, son sus especializadas junto a las croquetas de Idiazabal o los rollitos de calabacín, parmesano y jamón.
Tampoco hay que olvidar sus “rulos”, ideados por esta casa y que se elaboran con láminas de tres vegetales (patata, remolacha y zanahoria).SABURDI (Calle Eduardo Dato, 32). Hay que tener un poco de
paciencia para poder hacerse un hueco en la barra y disfrutar probando la codorniz con compota de manzana, el bocado de txitxiki (picadillo con huevo) o el de pimiento relleno de bacalao y setas. Por supuesto, en éste y en los otros casos, acompañando estas delicias con un buen txakoli de cualquiera de las tres Denominaciones de Origen: Araba, Bizkaia o Getaria.USOKARI (Calle Eduardo Dato, 25). Entre sus pintxos no dejar pasar la alcachofa rellena de bechamel de hongos, bañada con foie, jamón y almendras, o ese pimiento del piquillo verde relleno de carilleras con balsámico de Módena.
TOLOÑO (Cuesta de San Francisco, 3). Como no podía ser de otra manera, la barra rebosa de pintxos a cada cual más suculentos. Desde la Gilda o el Bocatín de jamón Ibérico hasta los exclusivos pimientos sudafricanos con crema de queso. Y como es natural, no hay que olvidarse de pedir el consabido txakoli bien frío.Restaurante EL PORTALÓN, antigua Casa de Postas del siglo XV,
está ubicado en uno de los lugares más bellos de Vitoria-Gasteiz. Difícil elegir alguno de sus platos, todos muy tentadores como: Carpaccio de solomillo con Idiazabal y arberquina. Ensalada de chipirón con cebolleta confitada. Kokotxas de merluza al pil-pil. Etcétera, etcétera.Pero además de los pintxos y las cenas, en Vitoria-Gasteiz también te puedes encontrar algunos lugares tan sugestivos, tan irresistibles como
VICTOFER (conservas artesanas), una pequeña tienda de comestibles fundada en 1922 en la que puedes descubrir, además de buen producto en fresco, unas conservas artesanales realizadas por ellos mismos que son una auténtica tentación. Si no me hubieran parado los pies acabo llevándome media tienda.Puedo afirmar, porque ya los he probado, la excelente calidad de su “ajete especial”, los cuales se hacen a la plancha con un poco de Aceite de Oliva Virgen. La verdad es que tienen una conserva para cada momento y necesidad.







Esta es una receta sencilla de preparar que podemos guardar perfectamente en un “taper” en la nevera e ir cortando según nuestra necesitad. Eso sí, sin que dure demasiado.




























De todas formas, con las de Santurce o con estas, junto a un buen vino blanco muy frío o una sidra fresca, podemos cantar, mientras las preparamos y entretenemos al personal circundante y observador, lo de: 


Lanuza, pueblo aragonés situado en el corazón del Valle de Tena a 1.280 metros de altitud, fue otro de los enclaves pirenaicos que continua fresco en mi retina y, todo hay que decirlo, en mi paladar.